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Ensayo · · 2 min

La ciudad como sistema de decisiones

Una ciudad no es su forma física: es el resultado acumulado de reglas, inversiones y omisiones. Leerla bien es entender qué decisiones la producen, y quién las toma.

Marco Marco general; se precisa con cada proyecto.

Solemos describir la ciudad por lo que se ve: calles, manzanas, edificios, vacíos. Casi todo lo que vemos es consecuencia de algo que no aparece en el mapa. Una avenida ancha es una decisión de inversión; un fraccionamiento cerrado, una decisión de uso de suelo; un baldío en un corredor céntrico, la suma de una norma permisiva, un mercado que espera y una política fiscal que no presiona.

Lo digo sin rodeos: buena parte del análisis urbano que se hace en México describe muy bien y decide muy poco. Produce diagnósticos de cuatrocientas páginas que inventarían todo y no eligen nada. Lo entiendo, porque inventariar es seguro y elegir expone. Pero un diagnóstico que no termina en una decisión posible es un archivo, no un instrumento.

Cuatro tipos de decisión

En el trabajo cotidiano me encuentro una y otra vez con cuatro familias de decisiones que moldean la ciudad. Las reglas: zonificación, coeficientes, permisos. La inversión: dónde se pavimenta, dónde se ilumina, qué cruce se interviene. Los servicios: dónde se abre una guardería, por dónde pasa una ruta. Y la omisión, que es la más subestimada: lo que no se regula ni se atiende produce territorio con la misma eficacia que una obra.

Si tuviera que apostar, diría que en Cancún la omisión ha hecho más ciudad que la norma. La periferia de vivienda social creció antes que el agua, el drenaje, el transporte y el equipamiento; nadie lo decidió así en un documento, pero el resultado es tan concreto como si alguien lo hubiera firmado.

Ver la ciudad no es suficiente. Hay que entender qué relaciones producen sus problemas y qué decisiones pueden transformarla.

Consecuencias para el método

Pensar la ciudad como sistema de decisiones cambia cómo se diseña un estudio. Obliga a empezar por la pregunta que alguien tiene que responder, y no por los datos disponibles. Obliga a elegir unidades de análisis que correspondan a una capacidad de actuar (un cruce, un predio, una supermanzana) y no sólo a la forma en que vienen los datos. Y obliga a escribir los supuestos de manera que otra persona pueda discutirlos y, si hace falta, demostrar que me equivoqué.

Ese es el hilo que une los proyectos de este sitio: medir la accesibilidad para decidir qué servicio falta y dónde; ordenar cruces para decidir dónde invertir primero; leer la norma contra lo construido para decidir qué suelo conviene ocupar; cruzar condiciones para ver dónde la ciudad se contradice.